9 de febrero de 2009

PASOS


En inglés, necesitando de un traductor -en este caso, el gerente de la UAR, Guillermo Accame-, Les Cusworth decía un par de verdades en la conferencia de prensa del lunes en la cual se lanzó el PladAR. Por un lado, que “todo ha cambiado” en el rugby después del Mundial del 2007. Por el otro, que aquí conoció la palabra “sacrificio” y que el rugby argentino “es único en el mundo por su corazón, pasión y compromiso”. En aquel “todo ha cambiado” dio dos ejemplos: “El viernes vi un video del partido Inglaterra Saxons contra Portugal. Las diferencias fueron enormes, abismales. Temí por la integridad física de los portugueses, que perdieron 60-0. Me acordé del partido que el año pasado jugaron los seleccionados M18 de Argentina e Inglaterra. Nunca en mi vida observé tanta diferencia en el contacto. Fue muy peligroso. Es muy peligroso”. El verborrágico Les, que algo sabe de esto, fue al nudo de la cuestión: Argentina debe mantener su esencia, pero también debe cambiar sí o sí. En la otra punta de la mesa, Santiago Phelan fue un poco menos directo, pero apuntó a lo mismo. Dijo que no se quiere más que un jugador pase de jugar en un club por los torneos locales directamente a enfrentar a tipos preparados profesionalmente y con la presión que significa jugar en un estadio con 80 mil personas. O sea, lo que el año pasaron vivieron Alfredo Lalanne, Santiago Fernández, Benjamín Urdapilleta y Agustín Figuerola, quienes de milagro volvieron con sus huesos sanos de Sudáfrica y Europa. La actual dirigencia de la UAR acaba de dar un paso que es trascendente sobre todo porque blanquea al menos lo que concierne a las competencias internacionales a alto nivel. Se podrá argumentar que el PladAR no fue debatido lo suficiente, que responde a las exigencias del IRB, que todavía genera muchas dudas y varias cosas más, pero lo cierto es que algo había que hacer. Y este ha sido uno, el primero en serio, de los tantos pasos que inevitablemente habrá que dar en el futuro. Porfirio Carreras, presidente de la UAR, también apeló a algo conocido: la incómoda situación en la que se encuentra la Argentina en el concierto mundial. Ninguno de los que compiten en lo más alto -el grupo llamado Tier1- tiene esta situación. No hay, entonces, modelo para copiar y lo que se necesita, además de un plan propio, es de un extremo equilibrio para que el margen de error sea lo menos perjudicial posible. Si Los Pumas aspiran a jugar el Tres Naciones en el 2011, el PladAr es el primer paso para armar un equipo estable y no depender de los calendarios y los humores de los equipos europeos. Algunas dudas que se plantean en el ámbito doméstico tienen mucho de legítimas pero otras también desnudan la falta de un debate en serio, en el cual todos hablen a rostro descubierto, sin hipocresias. De la lista dada a conocer por Phelan se desprende que Buenos Aires tendrá en el futuro una ventaja tan abismal que incluye los peligros de los que se hablaba al comienzo de este post. No se notará ahora en marzo, cuando se disputa un nuevo Argentino, pero sí a partir del 2010. Si nada cambia, en ese entonces habrán 23 jugadores de la URBA preparados para la alta competencia durante 12 meses que enfrentarán a otros -Mar del Plata, Rosario, Santa Fe, Cuyo- que siguen bajo el régimen amateur. Por eso, ya que hablamos de cuidar la integridad física de los jugadores, quizá sea conveniente que a partir del 2010 los convocados para el PladAr no actúen en el Argentino y que Buenos Aires presente un equipo con amateurs. En el caso de la competencia por clubes, la situación, al menos hoy, es distinta. No se avisora un equipo que puedar sacar mucha ventaja del PladAR, ya que los que más jugadores tienen son La Plata e Hindú, con cuatro y tres, respectivamente. Se ha preguntado qué pasa si un jugador del PladAR lastima a uno amateur en un torneo local. ¿Y qué pasaba si el año pasado Gonzalo Longo, Manuel Contepomi, Nicolás Fernández Miranda o Martín Durand lastimaban a alguien? ¿Vamos a decir “no, pero no cobran por jugar”, sin tener en cuenta que venían no sólo de jugar varios años en el exterior, sino de una preparación excepcional con Los Pumas para afrontar el Mundial? Se menciona también que algunos clubes tradicionales pondrán el grito en el cielo con este nuevo paso que se ha dado y hasta se comenta por lo bajo que podrían no aceptar a los que integran el PladAR. Aquí es quizá donde más hay que concluir con la hipocresia. Esos mismos clubes tienen dirigentes en la UAR -o sea, que han acompañado esta transformación- y también han contratado entrenadores pagos, algo que en los actuales estatutos está prohibido. ¿Castigaremos a estos jugadores y no a otros que hacen negocios a través del rugby? ¿Seguiremos con la cantinela de que estamos generando sólo vagos? ¿Nos llenaremos la boca diciendo que el jugador es lo más importante y a la hora de actuar hacemos lo contrario? Quizá sea el tiempo de terminar con la queja por la queja misma, ese mal tan típico nuestro. Nos quejamos porque a un jugador que actúa acá lo pueden matar jugando en el alto nivel y nos quejamos cuando a ese mismo jugador se lo prepara para que no lo maten; nos quejamos de los jugadores profesionales y nos quejamos porque Los Pumas no tienen una competencia profesional; nos quejamos de todo y sospechamos de todo. Pero lo cierto es que todo este movimiento sirve, al menos, para separar las aguas y por ahora no se percibe que seesté perjudicando a lo único que el rugby argentino no debe bajo ningún concepto resignar, y que se trata de aquello que Cusworth comentaba en las primeras líneas de este texto. En ese sentido, la UAR ha decidido también resignar la localía en el primer test de la ventana de junio con los ingleses. Jugar en Manchester signficará como mínimo cuatriplicar los ingresos, que serán propios y que no deberán ser rendidos a la caja del IRB. Por eso, si es como dicen en la UAR que serán invertidos en el ámbito doméstico, bienvenidos. Los clubes necesitan esos fondos. Ahí tendrían que ir, a fortalecer el rugby de base. Habrá que acompañar y vigilar este proceso, que es inevitable aunque a muchos no les guste. La situación vivida hasta acá no daba para más. Apuntar a ponerse en condiciones para competir en el alto nivel y seguir abonando -quizá con más fuerza, porque vendrán tiempos de confusiones- el rugby de todos los fines de semana, el que maman los chicos y al que le dan vida cientos de anónimos que están ahí sólo por el corazón, la pasión y el compromiso. FUENTE: periodismo rugby